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Lecciones de Warren Buffett: Cuando se inclina la balanza I

La semana pasada, sin ir más lejos, Reuters publicaba una noticia que plasma la creciente confrontación entre EEUU y China, fruto del desequilibrio de la balanza comercial con el que ha prometido acabar D. Trump. Tras varios días de retórica, y tras haberle puesto a la RPC la etiqueta de manipulador de divisas hace algunos meses, EEUU ha decidido pasar al acción con el acta sobre propiedad intelectual. Aunque hay que mantenerse optimistas en la vida, en cuestiones de dinero hay que ser siempre realistas, y la realidad es que todo apunta a que podemos haber llegado potencialmente a un choque de trenes. ¿La causa? los desequilibrios en la balanza comercial. Así pues, os dejo sin más dilación que disfrutéis de este pequeño artículo de (no tanta) ficción escrito por Warren Buffet hace casi 15 años.

Squanderville versus Thriftville, por Warren Buffet (Sí, sigue siendo de actualidad)

Revista Fortune, Octubre 2003, Warren Buffet.
Traductor: Patrick Adrien Hernaiz.
NB: Las gráficas no estaban originalmente en el texto, lo que se hace patente ya que el artículo data de 2003 y las gráficas de 2017, por lo que han sido incorporadas para que el texto sea más accesible al lector.

Voy a hablaros de un tema relativamente alarmante: el déficit de la balanza comercial americana, y trataré de sugerir una solución a dicho problema. Pero antes, he de mentar dos motivos por los cuales deberíais manteneros escépticos en cuanto a lo que aquí diré. Para empezar, la lista de las que han sido mis previsiones en lo tocante a la macroeconomía distan de ser acertadas que digamos. Ejemplo de ello es que durante las dos décadas pasadas estaba excesivamente preocupado por la inflación venidera. Por añadidura, comencé ya en 1987 a expresar de manera pública mi preocupación sobre nuestro creciente déficit comercial, y como bien sabéis, no sólo hemos sobrevivido a dicho déficit, sino que hemos prosperado. Por lo tanto, en lo relativo a la balanza comercial de EEUU, no sería la primera vez que se me podría acusar de gritar: “al lobo feroz”. Y sin embargo, me veo en la obligación de volver a gritar “al lobo feroz”, pero esta vez, poniendo sobre la mesa el dinero de Berkshire Hathaway. Hasta la primavera de 2002, había vivido 72 años de mi vida sin jamás comprar una divisa extranjera. Desde entonces, Berkshire ha acometido numerosas inversiones (en las que sigue a día de hoy ) en distintas divisas. No ahondaré en los detalles. De hecho, las divisas de las que se trata es un tema irrelevante. Lo realmente importante es el motivo subyacente: y es que poseer otras divisas expresa mi creencia en el declive del dollar.

Tanto como inversor como ciudadano americano, deseo de corazón estar equivocado en mis creencias. Cualquier beneficio que Berkshire pueda obtener por sus posiciones en divisas palidecería en comparación con las pérdidas en las que incurrirían en otras facetas de sus vidas tanto nuestra empresa como nuestros accionistas, si el dollar se hundiese como divisa.

Pero como líder de Berkshire Hathaway, estoy a cargo de invertir el dinero de la empresa en una manera razonable. Y el motivo último por el cual, pese a haber tardado tanto, he decidido respaldar mis palabras con mi dinero es que nuestro déficit por cuenta corriente ha empeorado enormemente, hasta el punto de que el “valor neto” por así decirlo de nuestro país esta siendo transferido al extranjero a una velocidad alarmante.

Balanza comercial de EEUU.Nótese que Buffet escribió el artículo en 2003.

Si esta transferencia de riqueza se perpetua, nos llevará a una situación peligrosa. Para comprender el porqué, hagamos un viaje imaginario, el lector y yo, a dos íslas totalmente aisladas del mundo, pero vecinas la una de la otra y de igual tamaño.

Source: Grahamallimages.com

Llamaremos a estas islas Squanderville (podría traducirse como “Derrochonia, o Derrochistán”, “to squander” es malgastar el dinero, derrocharlo.) y Thriftville (algo así como “Frugalistán”, la isla de la frugalidad, el trabajo y la buena gestión). La tierra arable es el único activo en las islas, y los habitantes de las mismas son primitivos, sus únicas necesidades siendo el alimento y su única producción siendo el alimento también. De hecho, con únicamente ocho horas de trabajo diarias, cada habitante produce comida suficiente para su sustento. Y durante mucho tiempo, ésta es la manera en la que han transcurrido las vidas de los habitantes de sendas islas. Cada habitante trabaja sus ocho horas diarias, como tienen prescrito, lo que implica que ambas sociedades son autosuficientes.

Sin embargo, los ciudadanos de Thriftville deciden invertir más horas de trabajo,y realizar un importante ahorro de bienes producidos. Así, empiezan a trabajar 16 horas diarias con lo que pueden seguir viviendo de manera autosuficiente, y empiezan a exportar a su único vecino y ente comercial (Squanderville) la exacta cantidad producida que no consumen, es decir, el fruto de ocho horas de trabajo.

Los ciudadanos de Squanderville están encantados con este nuevo acontecimiento. Ahora, pueden vivir igual de bien que antes, pero liberados de la carga que suponía trabajar. Oh, si, un pequeño detalle: existe un pequeño quid pro quo, pero que resulta inofensivo a los ojos de los habitantes de Squanderville. Este detalle es que lo único que los habitantes de Thriftville quieren a cambio de la comida que producen para Squanderville es que se les remunere en Squanderbonos del Tesoro (Cuya divisa de denominación es por supuesto “Squanderpavos”).

Con el paso del tiempo, Thriftville empieza a acumular una ingente cantidad de esos Squanderbonos, que en realidad no son más que pagarés a cargo de la producción futura de Squanderville. Algunas personas astutas en Squanderville empiezan a entender la amenaza que esta situación representa, ya que perciben a la perfección que esto supone que para que los habitantes de Squanderville puedan no sólo proveer sustento a la comunidad sino pagar sus deudas o al menos los intereses de las mismas con Thriftville, van a tener que trabajar bastante más que las ocho horas que antiguamente solían trabajar. Pero el caso, es que los habitantes de Squanderville estan encantados con esta situación, y prestan oidos sordos a cualquier discurso de aviso, que juzgan absolutatamente sin fundamento y con tintes apocalípticos.

Pero mientras tanto, los habitantes de Thriftville empiezan a ponerse nerviosos. Se preguntan cómo serán de buenos y de viables esos pagarés que estan recibiendo de los perezosos habitantes de Squanderville, por el fruto de su trabajo. Así pues, los habitantes de Thriftville deciden cambiar de estrategia: pese a seguir manteniendo algunos Squanderbonos del Tesoro, empiezan a intercambiar los susodichos por Squanderpavos a los habitantes de Squanderville. Posteriormente, utilizan dichas divisas para comprarles tierras arables en su propia isla. Y así, poco a poco, compra a compra, los habitantes de Thriftville terminan poseyendo toda la isla de Squanderville. 

Llegados a este punto, los squanders se ven en la obligación de hacer frente a una incómoda ecuación: No solamente deben volver a trabajar ocho horas diarias para poder comer, sino que deben pagar una renta para poder trabajar unas tierras que ya no les pertenecen y que vendieron de manera tan imprudente; ya no tienen nada más con lo que comerciar, y deben además trabajar horas suplementarias para pagar a Thriftville la deuda contraída. A efectos prácticos, Squanderville ha sido colonizada mediante adquisiciones, en vez de conquistas militares.

Se podría argumentar, obviamente, que el valor presente de las futuras producciones que  Squanderville habrá de enviar a perpetuidad a Thriftville se debería igualar a la suma total de la producción que inicialmente Thriftville envió a Squanderville, y que por ende ambas islas  han tenido un acuerdo justo. Pero a tenor de que una generación de squanders se subió al tren de “esto lo pagamos con deuda” condenando a las siguientes generaciones a pagar a perpetuidad, podemos afirmar que se han creado lo que en jerga de economistas denominamos “desigualdades intergeneracionales”, y de carácter particularmente dramático además.

Abordemos esta cuestión mediante el ejemplo de una familia. Imaginemos que yo, Warren Buffet, consigo obtener de todos mis proveedores, el poder remunerarles con “ya-te-pagarés” de la familia Buffet, y esto durante toda mi vida. Y que estos pagarés familiares serán devueltos, en bienes y servicios, intereses incluidos, por mis descendientes. Este pacto entre mis proveedores y yo podrá verse como un acuerdo justo entre los acreedores y la familia Buffet. Pero las generaciones venideras de Buffets probablemente no se sentirán exultantes ante tal decisión (y, Dios no lo quiera, ¡podrían verse tentados de renegar de dicho acuerdo!).

Piense usted de nuevo en esas dos íslas. Antes o después, el gobierno de Squanderville tendrá que aplicar medidas áltamente inflacionarias para poder hacer frente a los desembolsos cada vez mayores para pagar sus crecientes deudas.

Esto resultará en una emisión cada vez mayor de Squanderpavos, diluyendo el valor de cada uno de los billetes ya existentes en circulación.

M3, EEUU.Fuente: OECD; base 2010=100.

A fín de cuentas–pensará el gobierno de Squanderville–esos endemoniados Squanderbonos del Tesoro no son otra cosa que el derecho a recibir (“ya-te-pagarés-si-eso”) una cierta cantidad de Squanderpavos en concepto de nominal y de cupones. Pero nadie dice que dichos Squanderpavos deban tener un valor específico (NdT: El USD ha perdido más del 90% de su valor en cuestión de un siglo. En el caso más reciente de Venezuela, podemos ver cómo un país rico en capital humano, en recursos naturales, y de una extensión considerable ha visto el valor de su divisa seguir una trayectoria que recuerda al capítulo histórico de Weimar).

En breve, disminuyendo el valor real de la divisa de Squanderville mediante política monetaria podría evitar el dolor que supondría aplicar políticas fiscales.

De manera prospectiva, si yo fuese un residente de Thriftville, optaría por la posesión directa de tierra arable antes que de bonos del tesoro de Squanderville. Y esto es porque la mayoría de los gobiernos ven más difícil desde el punto de vista moral la expropiación de posesiones detentadas por extranjeros que la dilución del poder adquisitivo de los derechos de cobro que suponen los bonos detentados por extranjeros. Por así decirlo, se suele preferir el hurto al robo con violencia.

Pero vayamos al grano.¿Y que tienen que ver todos estos saltos de ísla en ísla con la situación de Estados Unidos? Pues dicho de manera sencilla, tras la segunda guerra mundial y hasta principios de los años 70, EEUU se ha comportado como la frugal y emprendedora Thriftville, exportando más de lo que importábamos. Acometíamos inversiones competitivas con nuestros excedentes comerciales en el extranjero, es decir, que el monto resultante de restar a nuestros activos en el extranjero los activos extranjeros en suelo americano aumentó de USD 37.000M en 1950 a USD 68.000M en 1970 (empleando la metodología, revisada desde entonces, del gobierno USA durante el mencionado período.).En aquellos días, el “valor neto” de nuestro país, visto de manera global, se componía de toda la riqueza contenida en nuestras fronteras más una modesta porción en el resto del mundo.

De manera adicional, como los EEUU se encontraban en una posición de posesión neta respecto del resto del mundo, obtuvimos ingresos como retorno de nuestras inversiones, lo cual se añadía a nuestros excedentes de la balanza por cuenta corriente, convirtiendose así en una segunda fuente de fondos invertibles. Nuestra situación fiscal era por lo tanto similar a la de un ciudadano que ahorraría parte del capital fruto de su trabajo y que reinvertiría dividendos obtenidos de su portfolio (NdT: W.B emplea el concepto de “cesta de huevos” en lugar de portfolio.).

A finales de los años 70 sin embargo, la situación comercial se invirtió, ocasionando déficits que inicialmente fueron de 1% del PIB aproximadamente. Dicho déficit era menor, y no sería tomado en consideración, particularmente en base a que los ingresos netos como retorno de inversión permanecían positivos. De hecho, mediante interés compuesto trabajando a nuestro favor, nuestro balance neto alcanzó su pico en 1980, con el equivalente de USD 360.000M.

Situación de España. Los datos están en miles (de uds.) y la divisa de cómputo es el euro (€).Los datos 2016 y 2017 son estimaciones. El lector no necesita ser un avezado economista para entender que una situación en la que gastamos más de lo que generamos a nivel comercial, no es una situación saludable. Dicha situación se prolonga desde hace más de 20 años (Fuente: Secretaría de Estado de Comercio, Gobierno de España, Comex.).

Patrick Adrien Hernaiz Forest

Patrick Adrien Hernaiz Forest

Master’s degree in Pharmacy, UCM. Apasionado de la teoría monetaria, el patrón oro y de la escuela austriaca. Inversor Top-down, seguidor de la filosofía Value.

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